Normalmente pienso, creo y siento que no necesito a nadie de ese modo, que estoy bien así, otras me siento sola, no sola del todo pues se que tengo gente a la que le importo pero hay un vacío que no pueden llenar.
A veces echo de menos alguien con quien pasear de la mano, alguien que me abrace por la espalda, alguien en quien apoyar mi cabeza sobre su hombro.
En esos momentos no necesitaría más.
Normalmente creo que no es mi momento de enamorarme, que ya llegará la persona adecuada, otras siento que jamás podré amar y, de igual modo, nadie me querrá de esa manera.
Esa sensación siempre esta ahí, escondida tras la esperanza de que todos los corazones tienen derecho al amor, fomentada por el conocimiento de que todo en el universo necesita un equilibro y yo decidí no odiar.
Normalmente sé que, aunque sea mínimamente, le importo a alguien, que si me fuese lo notarían, otras tengo la necesidad de que me lo digan, de que me lo demuestren.
Llámalo inseguridad, llámalo como quieras, pero no creo que sea indispensable en la vida de nadie, siento que podría marcharme poco a poco y nadie lo notaria incluso cuando ya me hubiese ido. No siento que tenga una relación tan estrecha con alguien que haya cosas que solo pueda hacer o decir conmigo.
Normalmente estas cosas no me importan, pero siempre acabo pensando en ello.
miércoles, 17 de julio de 2013
viernes, 28 de junio de 2013
Este es uno de esos momentos en los que nada tiene importancia ni razón de ser para mi. Nada absolutamente.
¿De qué sirve nacer? ¿Qué importancia tiene la existencia del universo? ¿Para qué sirve amar, odiar, sentir?
Si estas cosas no existieran, nadie se daría cuenta.
Incluso escribir esto carece de significado. No sé para que ni porque lo hago. Ni siquiera logro explicarme. Pero no me importa.
Por suerte, se me pasará en un rato.
¿De qué sirve nacer? ¿Qué importancia tiene la existencia del universo? ¿Para qué sirve amar, odiar, sentir?
Si estas cosas no existieran, nadie se daría cuenta.
Incluso escribir esto carece de significado. No sé para que ni porque lo hago. Ni siquiera logro explicarme. Pero no me importa.
Por suerte, se me pasará en un rato.
sábado, 22 de junio de 2013
Desahogo: El problema de la "educación"
El problema de la "educación" actual no son los
recortes ni el aumento de ratio, que tampoco ayudan. El problema es que no nos
enseñan a aprender ni a pensar por nosotros mismos, simplemente nos dan una
serie de datos que debemos creer porqué lo dice el "sabio" profesor y que
después de vomitarlo en el examen lo olvidamos.
Además, no se debería separar a los alumnos por
edad si no por mentalidad. Quiero decir, hay gente con una mente más
desarrollada en la E.S.O que algunos de bachillerato. En lugar de leer los
"grandes libros" de la literatura nacional o mundial, nos ponen datos sobre
ellos. Y digo yo, ¿ese libro es mejor que el resto de la época porque lo dice
quién? ¿O simplemente por qué eran más populares?
Se supone que damos unas cosas y no otras por qué
no estamos preparados, pero eso lo decide gente que ni siquiera nos
conoce.
Y luego están los temarios que nunca se acaban.
Y los profesores a los que no parece gustarles dar
clase.
Se crea una escuela para el alumno medio. Pero
alumno medio no existe. Es una media y una mezcla de todos los
alumnos.
jueves, 13 de junio de 2013
Trifurcación.
Es tan difícil avanzar cuando no sabes que dirección escoger. Me hayo ante el punto en el que el camino se divide en tres. Todo el mundo parece tenerlo tan claro... Y yo solo me dedico a ver como van avanzando por la dirección que escogieron.
Hay quien da por sentado el camino que he escogido, hay quien cree saber que camino escogeré al final. Pero nadie se plantea que pueda coger el camino que avanza entre ambos.
He oído que uno de cada diez encuentra un cuarto camino, quizá este yo entre ellos.
Me hayo dando vueltas sobre mi misma, esperando una señal que me diga "Ven por aquí, este es tu lugar."
En ocasiones siento que necesito lo que se encuentra al final de los tres caminos, porque todos llevan a lo mismo, pese a que la ruta sea distinta.
En realidad, no debo decir nada, cuando llegue el momento solo tendré que dejarme llevar. Pero que dura es la espera.
Hay quien da por sentado el camino que he escogido, hay quien cree saber que camino escogeré al final. Pero nadie se plantea que pueda coger el camino que avanza entre ambos.
He oído que uno de cada diez encuentra un cuarto camino, quizá este yo entre ellos.
Me hayo dando vueltas sobre mi misma, esperando una señal que me diga "Ven por aquí, este es tu lugar."
En ocasiones siento que necesito lo que se encuentra al final de los tres caminos, porque todos llevan a lo mismo, pese a que la ruta sea distinta.
En realidad, no debo decir nada, cuando llegue el momento solo tendré que dejarme llevar. Pero que dura es la espera.
domingo, 9 de junio de 2013
Necesito que llegue el verano, lo necesito. Hasta hace poco no quería que llegase, no porque este curso haya sido muy bueno, al contrario, sino porque el otro será peor. Igual que en sexto de primaria no veía a algunos compañeros pasando al instituto, no me veo a mi dentro de unos meses a punto de empezar cuarto de ESO.
Necesito poder pasarme el día en la cama. Poder dejar de pensar en todo lo que me preocupa y me duele. Necesito dejar de estudiar. Mi cerebro a decidido que es mucho mejor estar triste que aburrida, y cuando estudio me aburro mucho, así que cada vez que mi mente se aburre, acabo pensado en cosas que no debería.
A veces pienso en si de verdad le importo a ciertas personas, a veces en mi futuro, o en el futuro del mundo. Otras no recuerdo en que pienso, solo se que no es agradable.
Lo peor es que se que las vacaciones no solucionarán esto, incluso es posible que lo empeoren, pero necesito parar, necesito dejar la rutina.
No me alargo más. Tengo que estudiar.
Necesito poder pasarme el día en la cama. Poder dejar de pensar en todo lo que me preocupa y me duele. Necesito dejar de estudiar. Mi cerebro a decidido que es mucho mejor estar triste que aburrida, y cuando estudio me aburro mucho, así que cada vez que mi mente se aburre, acabo pensado en cosas que no debería.
A veces pienso en si de verdad le importo a ciertas personas, a veces en mi futuro, o en el futuro del mundo. Otras no recuerdo en que pienso, solo se que no es agradable.
Lo peor es que se que las vacaciones no solucionarán esto, incluso es posible que lo empeoren, pero necesito parar, necesito dejar la rutina.
No me alargo más. Tengo que estudiar.
sábado, 1 de junio de 2013
Apoyo.
Desvaríos de un viejo loco. Es arriesgado. Pero merece la pena. Lo intentará. Y puede que incluso lo consiga.
Ilusión y esperanza no le faltan, ¿qué más necesita? Tiempo. Se le agota. Es su ultima oportunidad, ahora o nunca. Los años no perdonan y, aun que no tiene demasiados, han sido duros.
Caminara hasta el borde del precipicio y, si es necesario, saltara, todo para defender su idea, todo para llevar a cabo su plan.
Yo confio en el. Parece que soy la unica persona que lo hace. Eso no me hará cambiar de opinión. Si es necesario, tomare su mano al saltar.
Ahora no le importa nada más que su idea y a mi no me importa nadie más que el. Si es necesario le empujare para que se acerque al borde. Se que es lo que quiere y necesita, pero no se si se atreverá.
domingo, 7 de abril de 2013
Lavarse los dientes.
Cuando acabo la película le paso el mando de la televisión a su madre y le dijo que iba a coger el ordenador un rato, y esta a su vez le dijo que no lo quería que se iba a ir a dormir. Aun así, la madre cogió el mando y cambio de canal no sin pedirle que se lavase la boca.
-¡Que poquito me queda!-se quejo la hija del final de su vacaciones mientras se dejaba caer del sofá hasta el suelo estirando la espalda y levantando los brazos.
Se levanto y camino por el pasillo únicamente iluminado por la luz procedente del salón con desgana.
Por el camino comenzó a preguntarse cuándo había dejado de hacer ilusión volver a clase para ver a sus compañeros y comenzar de nuevo a aprender. ¿Cuándo había dejado de interesarle lo que enseñaban en clase? ¿Cuándo dejo de interesarle todo, o casi, lo que le ofrecía el mundo?
Llego al baño, encendió la luz y cerró la puerta tras de sí. Entonces se miro al espejo, vio sus ojos llorosos cada vez mas rojos y se llevo el puño izquierdo junto a la cabeza. Unos instantes después se aparto el pelo con esa misma mano, acción que tuvo que repetir porque un mechón travieso nacido de la nuca se resistía a marchar.
Acto seguido se dispuso a obedecer a su madre: cogió su cepillo de dientes de un rojo brillante y claro, le quito la tapa, cogió y abrió el tubo de pasta y lo apretó arrojando su contenido antes blanco con rayas rojas, ahora de un rosa heterogéneo. Sus movimientos eran lentos y precisos, también bastante elegantes.
Volvió a mirar su reflejo mientras comenzaba su tarea. En sus ojos se notaban cada vez más los pequeños capilares y pronto asomo una tímida lagrima por el ojo derecho.
¿Cuándo había dejado de ilusionarle volver a clase? ¿Cuándo dejo de importarle el mundo que la rodeaba?
La solitaria lagrimita se acercó a su nariz y se dejo guiar por su contorno. Trago el exceso de saliva. Era extraño: cuando lloraba apenas derramaba lagrimas, pero si salivaba mucho, y pronto otras glándulas de su cara también excederían su producción. Se seco la lagrima, que quería llegar hasta su boca.
Cuando acabo de lavarse los dientes se giro y cogió un trozo de papel, lo dobló, se seco los mocos que querían intentar lo que la lagrima no consiguió y lo volvió a doblar cuidadosamente, pero sin prestarle atención, en su puño.
Mirándose, de nuevo, en el espejo se seco los brillantes parpados inferiores de ambos ojos varias veces. Acto seguido intento cambiar su expresión y se puso recta, asintió y junto sus manos, cuyos dedos estaban doblados, en un gesto para darse ánimos.
Su madre, que seguía frente al televisor, no debía preocuparse al verla triste por sus estúpidos e infantiles motivos. Aun que si hubiese subido las escaleras hacia su habitación en busca del portátil llorando silenciosamente, como lo hacía siempre que lloraba, la mujer no se hubiese enterado.
Seguían en su mente aquellas cansadas y repetitivas preguntas. No era la primera vez que lloraba por eso, tampoco sería la última. Cosa que comprobó minutos más tarde sentada frente al ordenador en su cama.
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