jueves, 22 de agosto de 2013

Sin motivo alguno.

Soy el dolor sin herida.
Mi corazón no se ha roto, pero igualmente sufre.
Nadie me ha hecho daño, pero me duele.
Si alguién puede morir sin causa, esa soy yo. 
Si alguién simplemente se apagase para siempre, sería yo.
Soy el dolor sin golpe.
Seré la vela apagada para siempre
antes de consumirse.

viernes, 16 de agosto de 2013

A veces me olvido de que mis padres tienen casi 50 años, que han crecido en otra época, con padres de otra época. Que la información que han recibido no es la misma, ni más ni menos, solo distinta. A veces olvido que he visto y oído cosas que ellos con mi edad no imaginaban y que ellos han visto y oído cosas que yo no imagino. Por eso me enfado cada vez que esas cosas, que esas diferencias salen a flote, cada vez más a menudo. Me enfado cada vez que dicen algo que para mi es machista o racista, mientras que para ellos no lo es. O si, y no les importa.

Me enfado cada vez que no comprenden mi punto de vista, pero es que yo tampoco se lo he explicado. Pero eso no funcionaría porque hay cosas que yo doy por sentado, que para mi son básicas, y que nadie más ha tenido porque pensar. Y es que cada vez hablo menos con ellos y, por lo tanto, no comparto esas cosas que aprendo y que se vuelven la base de mi pensamiento.

Pero me da rabia. Me da rabia pensar que sus mentes son tan arcaicas, me da rabia pensar que están equivocados, porque en ocasiones puede que el error sea mío. Y entonces me doy cuenta de que si alguna vez tengo hijos, pasará lo mismo. Ellos sabrán otras cosas y veremos el mundo de formas distintas, ambos daremos por sentado cosas que el otro no.

La distancia es cada día mayor entre nosotros.

"¿Qué somos?" se preguntan una y otra vez. No somos nada. Una casualidad, un prodigio. Estamos hechos de la materia de las estrellas, de los planetas y agujeros negros. Estamos compuestos por átomos que, casualmente, están en la posición adecuada para crear una mente consciente.

"¿Qué sentido tiene la vida?". La pregunta del millón. Yo creo que ninguno. De nuevo, un grupo de átomos combinados en la forma correcta por casualidad crea una célula, igual que podrían ser parte del aire, y esa célula se alimenta, crece y se reproduce. Con el tiempo, las células se agrupan y forman organismos, unos tan simples como el plancton o una ameba, otros tan complejos como nosotros o un elefante. Por algún motivo estos seres, plantas, animales, hongos o seres unicelulares, tienen la necesidad de crear más otros como ellos, tienen la necesidad de preservar la vida. Pero si todos desapareciesen, no pasaría nada, el universo seguiría a delante.

Somos un capricho del universo, los grandes genios necesitan un público, estamos aquí para contemplar maravillados su obra e intentar comprenderla. Lo que el universo no sabía es que nosotros también somos genios capaces de crear y destruir en busca de que les admiren y comprendan.

domingo, 11 de agosto de 2013

No hacen falta las palabras.


Lo nuestro nunca fue oficial. Ni siquiera entre nosotros. Nunca nos dijimos "te quiero". Nunca nos dijimos "te amo". No hacía falta. Un día cuando nos quisimos dar cuenta, nos estábamos besando. Un día nos percatamos de que estábamos cogidos de la mano, y ninguno se soltó. Nunca nos dijimos nada. No eran necesarias las palabras. Un día, encontré su cabeza sobre mi hombro. Otro, sin darme cuenta, acabé con mi brazo al rededor de los suyos.  Ambos sabíamos lo que sentíamos. Nunca entendimos esa necesidad humana de confirmarlo. Una noche, tuvo una pesadilla y acabo durmiendo conmigo. Despertamos abrazados.

Hace mucho que no le veo. No me preguntes si lo he superado, no me preguntes si le sigo amando. Es obvio que no le he olvidado, que sigo sintiendo lo mismo. Para superar algo, para cambiar de parecer respecto a algo hay que pensar en ello e, igual que entonces no pensaba en lo que hacíamos, no lo he pensado. Y sé que él tampoco.

Aquí llega. Hacía tanto que no le veía. Se acerca, corriendo. Oh, espera, yo también estoy corriendo. Esta a unos metros tan solo. A uno. A medio. A unos centímetros. Esta entre mis brazos. Reímos. Lloramos. Me besa. Reacciono. Le devuelvo el beso. Caminamos al piso que compartíamos, del que se tuvo que ir, en el que yo me quede, el que volvemos a compartir.

Ambos nos hemos vuelto a enamorar, hemos tenido más relaciones. Pero lo nuestro era especial. Nunca puede terminar aquello que no empezó. Y nosotros nunca fuimos nada. Solo dos personas que se querían. Que se quieren.  ¿Hace falta una palabra para eso? ¿Es necesario etiquetarlo? ¿Tendríamos que catalogarnos? Creo que no.

Esta noche duermo en su cama. Si es que se le puede llamar dormir. También hablamos durante horas. Nos contamos lo que hemos hecho este tiempo, donde hemos estado, a quien hemos conocido. No decimos nada de lo que sentimos. Ni siquiera que nos echábamos de menos. Ya lo hemos demostrado.

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Esto se me ocurrió mientras estaba buscando por Tumblr Mycroft x Lestrade. No es que shipeé Mystrade, pero me aburro. Supongo que también está un poco influenciado por Gallavich (Shameless USA, Ian Gallagher x Mikey Milkovich) y por un fanfic Johnlock (John Watson x Sherlock Holmes)  de Sherlock BBC.

Efectivamente, en mi mente los dos protagonistas de esta extraña historia de amor son hombres. (En mis historias están empezando a aparecer más parejas gay de lo habitual... Aunque tampoco es un problema...)

Y en vuestra cabecita, ¿cómo eran los personajes?

domingo, 4 de agosto de 2013

Pureza.

Ella es quien mejor conoce el amor.
Ella que no ha escuchado falsos "te quiero", falsos "te amo".
Ella que todavía no ha visto la imagen distorsionada que crean las personas.
Ella que no ha sido engañada.
Ella que no ha mentido.
Ella que sueña con "para siempre"s que no han sido mancillados.
Ella que aun cree.
Ella que posee un corazón puro.
Ella que no ha sido herida.
Ella que no ha herido.
Ella que no ha sentido.
Ella que espera.

Ella.

Flores del desierto.




Quedaron hace tiempo las semillas enterradas en la arena. Después de tanto tiempo, siguen esperando.

De repente, cae una gota, y otra, y otra. Tip, tip, tip.  La arena seca se convierte en barro. Del desierto muerto nace un jardín. Salvaje belleza. Crecen rápidas las hiervas, las flores. Su vida es breve, deben ser veloces.

Esperaron meses, tal vez años, durmiendo bajo tierra. Mereció la pena. Ahora empiezan a salir unos brotes por allí, otros por allá. Cada instante son más altos. Por ahí, justo ahí, mira esa flor que se abre.

Rápido, rápido, pequeñas. No hay tiempo. Vuestra vida es corta, aprovechadla. Jardín de un minuto.

De nuevo, todo muere. Se cierran las flores, se caen las hojas. El viento trae arena, que todo lo cubre.
De nuevo, las semillas quedan enterradas bajo el manto dorado. Ya no hay barro, ya no hay verde. El tiempo trae una promesa.

Algún día, quien sabe cuándo, volverá a llover y el agua que cae despertará a la vida que duerme.

No es culpa tuya.

Pequeña flor, de colores brillantes. Dulce flor, de fragante olor. De suaves pétalos, de fino tallo. Vives tranquila, creciendo en cualquier lugar, puede que entre malas hiervas, puede que junto a un rosal, pero nadie niega tu belleza. Eso sería mentir.
Un día, alguien te vio. Un caminante que se creía dueño de todo lo que pudiera coger. Y le pareciste tan hermosa, y pensó que a nadie le importaría.
Sin preguntarte, se agachó, te acercó a su nariz, te olió y te arranco. ¡Se creía que tenia derecho!
Te llevó a su casa, te puso en agua. Sin tierra, sin aire, sin luz.
Si te hubieras quejado, si hubieras dicho que no querías estar ahí, ¿qué hubiera dicho la gente? Creo que puedo oírles:
"Es culpa tuya, por ser tan hermosa."
"Es culpa tuya, por ser tan débil."
"Es culpa tuya."
Pero no lo es, ¿verdad? El podía haberse resistido a tomarte, el podía haberte elogiado y haberse marchado, como hacían todos.
Ahora te marchitas sola. Nadie te comprende. Creen que lo ibas buscando. Creen que querías que alguien te llevase por tu belleza. Si no, ¿por qué te mostrarías tan bella como eres?

No es culpa tuya, sino suya.
Por dejarse llevar por su instinto animal.
Por creer tener derecho a hacerlo.