viernes, 28 de marzo de 2014

Primavera.

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Con sus luces y sus sombras, con lluvias y vientos, con días grises y soleados, con árboles sin hojas y hiervas floreciendo, inestable y llena de vida llegó a mí la primavera. Huyendo del largo y yermo invierno en el que se hallaba mi corazón, esperando que el abrasador verano tarde en llegar, avanzo en una tormenta de sentimientos.

Preocupación, deseo, calma, pereza, paz, angustia, impotencia, felicidad, cariño, desesperación, pasión, desgana, ternura. Todas ellas, crecen ahora en mi interior, echan raíces en mi delicada alma como si de tierra fértil se tratara, pues esta no tiene ni piedras ni heridas.

Los vientos que azotan mi piel, también remueven mi mente. Caótica y hermosa sensación, que causa dolor y alivio. Espero que nunca termine.

Y quizá, cuando alcance por fin mi hogar, el pequeño jardín crezca hasta ser una jungla. Llena de vida hasta el fin de mis días.

No dejes que vuelva a caer en el vacío.
No permitas que vuelva a existir sin más.
No consientas que vuelva a dejar de sentir 
la vida corriendo por mis venas.

miércoles, 19 de marzo de 2014

In my room.


                 Mama doesn't know
                 what happens in my room.
                 That I fell in love,
                 that I fell apart.
                 She will never know
                 about those nights
                 I was awake 
                 past midnight.
                 She will never know
                 about those tinghs
                 I have written
                 when the world was too much.
                 Mama musn't know
                 about my sadness
                 and therefore
                 about my happiness.
                 Because she won't uderstand
                 that touching isn't needed
                 for love, for faith, for pain.


lunes, 17 de marzo de 2014


En su dolor encontré mis motivos. De su cansancio alimenté mis fuerzas. 
De su tristeza renació mi melancolía. A la llamada de sus recuerdos acudió mi rabia. 
De sus silenciosos gritos nacen mis nuevos sueños. Por las heridas de su alma despertó la mía.

Prometo permanecer cuando no quede nadie.
Prometo permanecer cuando sean tantos que no puedas contarlos.
Cuando rías, cuando llores, deseo compartirlo.

Será su sangre derramada el castigo de mi impotencia.
Serán sus desconsolados llantos el sonido más terrible que nunca escuché.
Serán sus cicatrices nuevas los barrotes de mi celda.

Tus secretos estarán a salvo. Mis labios estarán sellados por los besos que no dimos.
Tus noches serán veladas desde la distancia pues son el principio y el fin de mis días.
Hoy no habrá arrepentimiento, tampoco lo hallaré mañana. Mis promesas serán cumplidas.

Seguiré adelante, por ambos, por ninguno. Aunque parezca que no avance.
Seguiré esperando los cambios, las mejoras, las soluciones. Aunque parece que no llegan.
Seguiré luchando batalla tras batalla hasta el final. Aunque parezca que la guerra no acaba.

No puedo salvarte. Tú eres quien debe hacerlo.
No puedo abrazarte. Tú sabes que quiero.
Pero puedo apoyarte, siempre que me sigas aceptando.

domingo, 2 de marzo de 2014

Querer no es suficiente.





Dicen que "Querer es poder", pero no es cierto. Si simplemente con deseos y esfuerzos se consiguiera todo, qué hermoso sería el mundo. Hacen falta más cosas que querer: hace falta confianza, hacen falta fuerzas, hacen falta unas ciertas condiciones.
Si querer fuera poder, yo no estaría aquí. Estaría con él, seguiríamos juntos, pero ninguno tenemos fuerzas para soportar sus circunstancias.
Quizá si los kilómetros fueran menos, si mi experiencia más, su dolor menor o el tiempo mayor... Seguro que entonces sí.
Pero querer no es suficiente, las intenciones sirven de poco; y se valoran aun menos; las circunstancias pesan mucho, la impotencia hace mella en la esperanza y lo que deseamos no es siempre lo que necesitamos.

lunes, 24 de febrero de 2014




Bajo mis uñas, entre mi pelo, en mi piel, en mi sangre. Forma parte de mí. Esperando resurgir, esa impotencia de cuando no sabes qué debes hacer, de cuando lo sabes y no puedes, de cuando lo sabes y no eres tú quién debe hacerlo.
Una y otra vez vuelve a atacarme, justo cuando más necesito actuar. Mis palabras se vuelven torpes cuando intento consolar, mis pasos se vuelven pesados cuando intento correr.
Estiro mi brazo, mi cuerpo entero, y no llego, y no llego. A unos milímetros de rozarlo, a unos centímetros de agarrarlo, a años luz de conseguirlo.
Forma parte de mí, después de tanto tiempo acompañándome, está impotencia. Inexorable, interminable, inevitable. 

jueves, 16 de enero de 2014

Vacío, mi infiel compañero.

Hoy, después de mucho tiempo, he vuelto a sentirme vacía y, por decirlo así, apátrida. 

Mi vida carece de sentido alguno y siquiera soy yo quién la controla. Hace poco tomé una importante decisión, hacerme vegetariana, pero al parecer si a mi madre le da la gana me veré obligada a volver a una dieta omnivora. Seguir mis ideales, já, ¿me creía con derecho a ello?

Vuelvo a sentir que no hay ningún grupo al que pertenezca. Sí, tengo bastantes amigos, pero la mayoría no verdaderos, no podría confiarles muchas de las cosas que necesito contar.

Además las cosas que realmente quiero son aquellas que no soy capaz de conseguir. Lo más importante para mí parece tan lejano...

De nuevo volveré a dejar que la inercia controle mi vida durante algún tiempo, mientras me desespero cada vez más.

martes, 14 de enero de 2014

Apenas se escuchaba el lejano murmurar de agua y el suave cantar de los pájaros.  La luz se filtraba entre las hojas de los árboles, cuyas ramas se entrelazaban formando un verde techo. Como era costumbre, la joven niña recorría ágil de aquí para allá, su pomposa falda no era nuca molestia y ni sus preciosos zapatitos de punta brillante y redonda ni sus altos calcetines blancos se manchaban. Sus pasos no resonaban, mas a veces se la oía cantar de forma tan dulce que los pájaros callaban y los pequeños animalitos del sotobosque se acercaban a escuchar.

Cuando llegó al claro, aquel cerca del arroyo, donde los ciervos acuden a pastar, se sentó en la hierba con esa extraña delicadeza suya. Los normalmente asustadizos animales, la aceptaban allí sin temor alguno, como si ese fuera el lugar más lógico en el que encontrar a tan delicada señorita de piel clara, largos rizos y graciosas pecas. Junto a ella crecían salvajes las más bellas plantas, con sus pequeñas flores de hermosos colores y sus suaves tallos y hojas verdes. Como siempre, decidió trenzar con ellas coronas, colgantes y pulseras. En cuanto tocaba una de las ramitas, está se separaba de la planta, como quien se desprende de un abrigo innecesario, como la dama que regala un mechón de su cabello a su amado.

Cuando se cansó se dejo caer sobre la verde alfombra y esperó. Vio al sol ponerse por un lado, tiñendo el cielo de cálidos y brillantes colores, mientras que por el otro ascendía la luna acompañada de azules cada vez más oscuros. Los ciervos y conejos se marcharon y su lugar fue tomado por búhos y luciérnagas.

En casa habían dejado de temer por ella y correr a buscarla si tardaba en volver al ver como los lobos le hacían reverencias y los osos ofrecían su lomo para llevarla.


Así, el bosque vio crecer  a la niña y esta vio como pasaban una tras otra las estaciones, enamorados el uno del otro.