Luchan pequeñas batallas, encerrados en sus torres, jóvenes príncipes y princesas. Un ejercito de niños tristes se prepara para la guerra contra el mundo luchando consigo mismos. Encontrarás entre ellos magos, poetas y locos. Hallarás en ellos las mentes de genios, de bobos, de soñadores.
Son fuertes, pero soportan demasiados pesos en sus tiernos hombros. Van armados con cuchillas, con lápiz y papel, con noches en vela y días durmiendo. Se escudan con odio, amor y sueños lejanos. No dejan de suplicarse unos a otros que comiencen a aceptarse, cuando la mayoría de ellos no lo hace.
Sus ojos parecen ancianos, sus corazones están rotos pero sus almas aún son jóvenes. De sus dedos nacerá el arte más hermoso que jamás veas, si viven lo suficiente.
Yo prometo acogerles en mis brazos, acunarles hasta que duerman y recordarles que aún hay tiempo. No hay salvador para ninguno más que ellos mismos, igualmente tenderé una mano amiga, ofreceré un hombro sobre el que llorar, a todo el que lo pida. No secaré sus lágrimas, pero les abrazaré en su llanto. Aunque sea en la distancia.


